jueves, 8 de octubre de 2009

Gobernar, ¿cómo?, la gran incógnita

(Publicado en La Estrella de Panamá el 8 de octubre de 2009)

Doris Hubbard-Castillo*
Me tomé el trabajo de buscar una definición de "gobernar", pero ninguna de las que encontré me satisfizo, por lo que ahora creo que entiendo el que muchos gobernantes no tengan idea de lo que trata su "trabajo", pues, en caso de que por lo menos lean, nadie les ha escrito ni una definición o tratado aceptables para que sepan qué es gobernar. Porque quizás su prepotencia visceral no les da para reconocer que no saben cómo hacerlo y menos para aceptar consejos —entiéndase asesoría—, por lo que si alguien se toma el trabajo de escribirles bien y clarito sobre el asunto, quizás a escondidas lean y aprendan o tomen una ligera idea.

Sobre el tema encontré, sin embargo, desaciertos como "Gobernar es el arte de crear problemas con cuya solución se mantiene a la población en vilo" (Ezra Loomis Pound (1885-1972), crítico y poeta estadounidense). Lo que al estilo panameño es meter la pata, improvisar, establecer un sistema de ensayo y error, según el cual "hacemos", pero "sin consultar ni las leyes, ni a otros que sepan algo más del asunto y si alguien se queja, corregimos, hasta que se nos acabe la suerte... y la reguemos completamente". A fuerza de ser honesta debo señalar que esto no solo ocurre en estos días, antes también nos ha pasado.

Algo que me desalienta más es que en mi búsqueda encontré que en algún momento —mal momento— el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo que gobernar a veces conlleva "la necesidad de improvisar". Digo que me desalienta, porque se me ocurre que a "alguno" se le puede también ocurrir tomar tales afirmaciones como justificación para meter constantemente y sin sonrojo sus extremidades inferiores con la licencia que supuestamente le da el que uno de la "madre patria" le haya dicho que "podéis hacerlo, es más, se espera que lo hagáis".

Aunque, desconfiada como soy de todo gobernante, sea un "europoso" o de mis "cocontinentales", me imagino que el español dijo semejante ..., porque quiere cubrir las metiditas de pata que tenga por ahí, haciéndose el gracioso y dejando plasmado que allá los gobernantes hacen más de lo que las leyes les permiten, lo que acá no se hace... ¡já!

¿Cien días?... cien días no le enseñan a nadie cómo gobernar, el conocimiento se debe llevar al compromiso, ya sea que lo ponga "el jefe" o que tenga la sapiencia o astucia —que no necesariamente está acompañada de la sapiencia— de rodearse de un equipo que le diga cómo se hace, o sea, asesores, lo cual es lo de esperar, por eso se habla de "equipo de gobierno". Pero, así como "el jefe" debe estar consciente de su necesidad de escuchar lo malo y lo feo, sin hacer pataletas ni botar a nadie, este debe ser un equipo que no esté solo preocupado por conservar puesto, salario y permanencia en el círculo íntimo de "el jefe". Porque se debe decir la verdad, algo así como —en palabras elegantes y diplomáticas, pero claras— "¡ese discurso es un plomo!". Rodearse de gente que no se atreve a contradecir, pero que aplaude todo lo que se hace sin señalar los yerros, es una autosentencia al fracaso o, cuando menos, al ridículo constante.

Estos cien días que hemos vivido, han estado llenos de expectativas, más sorprendidos que sorpresas, desaciertos y, creo, que algo de buenas intenciones, pero bien reza el refrán que de ellas está empedrado el camino al Infierno. Todos debemos estar preocupados porque nuestro gobierno sea bueno y haga su trabajo mejor, con transparencia y acierto, porque todos estamos en este barco y a donde vaya él iremos todos, por lo que fuera de la afinidad política y de la hilaridad que a algunos les causen las metidas de pata de quienes gobiernan, debemos estar vigilantes y dar lo mejor de cada uno, ya sea como parte del gobierno o como gobernados. Sobre todo cuando no existe una oposición organizada y coherente que haga el contrapeso, no para oponerse a todo oficiosamente, sino para dar el balance que toda democracia requiere.

Aquí debo dejar claro que en nada ayudan quienes, en lugar de estar trabajando bien, sin meter las patas, se dedican a aplaudir las "ocurrencias" de "el jefe" y a atacar a quienes nos atrevemos a decir: "Señor, con el respeto que Usted se merece, eso está mal".

Para esos que están solo aplaudiendo y buscando cómo descalificar a los demás, traigo a colación lo que sentenció Alonso X El Sabio, rey de Castilla y León, —lógico, guardando las proporciones—, "Los que dejan al rey (mandatario) errar a sabiendas, merecen pena como traidores". Haga sus cuentas, Señor Presidente, siempre nos resulta mejor un adversario honesto, que un "aliado" —así entre comillas— hipócrita y bribón.
*Ciudadana y periodista.

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